Desde pequeña he odiado tomar decisiones. Se puede decir, que como muchas otras cosas, tomar decisiones no es lo mío. Es una parte horrible de crecer, en la que tomas tus propias decisiones, tomando todo lo malo o bueno que salga de ellas. Para todo siempre es más fácil culpa a alguien más. Sé que es dificil, la mayoría de las decisiones que tomemos posiblemente estén mal, posiblemente nos equivoquemos más veces de las que acertemos. Pero no importa tanto si fallamos, o si lo hacemos bien, importa el proceso de llegar a ellos, lo que hubo en medio de la meta, más que la meta en si. Al final, de todo se aprende.
Ojala tuviera una formula para las decisiones, normalmente diría que siguiéramos a nuestro corazón, si, así de romantica soy, pero eso no siempre funciona. A veces nuestro corazón dirá cosas que no son las mejores, y otras será nuestra fría mente calculadora la que pensará mejor. Que dilema, que locura.
¿Que difícil es crecer, verdad?
*Sobra decir, que esta entrada no me gusto nada*
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